Motivos para tener diferencias comerciales siempre hubo y habrá; la cuestión es cómo se da el debate para resolverlas en un mundo de mercados interdependientes. Legislaciones precisas, como las que la Argentina levantó para impedir la importación de azúcar de Brasil (a impulso de Tucumán, Salta y Jujuy), barreras arancelarias y subsidios son las armas más utilizadas en estos casos donde el temperamento derrota a la razón. Pasa que muchas veces el cierre de importaciones peca de falta de perspectivas y se transforma en una torpeza política. Unas cifras para aclarar este contencioso: la Argentina exporta anualmente alimentos por unos U$S 22.000 millones y las importaciones no alcanzaron en 2009 los U$S 1.000 millones. Los principales damnificados de la medida son los socios comerciales y aliados de nuestro país: la Unión Europea (UE) y Brasil. En un momento en que el Mercosur y la UE se aprestan a reiniciar las discusiones para construir el esperado tratado de libre comercio (un proyecto que podría resultar particularmente bueno para Tucumán y el NOA) la instalación de este conflicto parece destinado a generar más problemas que beneficios.
Más problemas que beneficios
Análisis.